Soterrado

Es la palabra repetida con energía por todos. Yo mismo, no
se confunda. Sotiérrese es la voz diligente que parece solucionar todos los
problemas urbanos, económicos, demográficos y hasta paisajísticos de una ciudad
maltrecha. ¿O no?

Existe una especie de pacto silencioso en torno a esta
palabra. Noto la energía en su declamación pero siento cómo se desvanece en las
distancias cortas. La convicción de su ejecución se desmorona al preguntar por
su viabilidad. Y en este punto, me pregunto qué palabra es más importante:
soterrado o viable.

El elevadísimo coste de una obra como esta es algo que a
nadie se le escapa, pero no se habla de cómo abordarlo. De hecho, que no se sotierre
no se contempla como una posibilidad, a pesar de que esa decisión comprometa su
ejecución. No se ve que, de partida, ya es una clara mejoría en cuanto a la
situación actual. Una línea de alta velocidad en superficie, y si me apuran, un
decente tren electrificado de calidad es un salto tremendo hacia delante en las
comunicaciones de la ciudad. Pase por donde pase. Porque de hecho, ya pasa.

En todo esto hay una cuestión que no alcanzo a entender: en qué
punto se ha generado la sensación de que la llegada de un tren de alta
velocidad y mercancías en superficie es una afrenta a la ciudad. Y qué decir si
pasa por Toledo. Qué desfachatez. Es poco menos que un insulto, cuando en
realidad esto es algo que debería verse como una oportunidad. Un punto
estratégico desde el que poder trabajar y estar mejor y más conectados.

Y no me malinterprete. Soterrar la vía a su paso por
Talavera sería fenomenal. Eliminaría el borde urbano que la ciudad tiene al
norte, aunque ese norte sea una conquista que aún no esté realizada. Porque
seamos francos: la vía del tren no parte la ciudad en dos por la sencilla razón
de que no existe ciudad más allá de la vía. Y esto, que es una obviedad, es el
argumento clave de la defensa del soterramiento y de la expansión urbana de la
ciudad. Olvidando en ese horizonte desarrollista que más al norte tenemos la
A-5. Quizás también convenga soterrarla.

En toda esta vorágine no puedo evitar mirar hacia el sur, más
allá de las aguas del río, fijando la mente en una de las orillas más
espectaculares que tiene la ciudad. No puedo soportar cómo se habla del río
como una barrera, del Tajo como un límite que encajona a la ciudad. No puedo
dejar de pensar en las infinitas posibilidades en torno a él y en todo lo que
se podría hacer con el precio de soterrar un tren. Cuántos puentes, cuántas
pasarelas, cuántos parques y plazas… cuánto diseño urbano bien planificado.

Si me preguntan, es algo que tengo claro: prefiero una ciudad
en torno a un río que en torno a una estación.

Artículo publicado en: http://bit.ly/soterrado

Créditos de imagen: Catenaria en Tensión, de Alejandro Cortés García bajo licencia CC-BY-SA 2.0.


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