El gusto es vuestro

¿Cuántas veces se ha sorprendido usted afirmando lo mucho que le gusta o disgusta algo? Estoy convencido de que muy a menudo. Personalmente, tengo cierta debilidad por la carne poco hecha y las sopas de ajo. Tales afirmaciones configuran un perfil sobre nosotros, y cuando decimos que algo nos gusta, o no, estamos diciendo más sobre nosotros que sobre la cosa.

Este mismo engranaje se reproduce cuando juzgamos las obras ajenas. Lo pasamos por la óptica de nuestro criterio, e inmediatamente emitimos nuestro juicio: mal, bien y no pocas veces indiferencia. El problema aparece cuando lo que juzgamos no es inocuo, y en base a ese criterio se empieza a configurar el entorno en el que vivimos. En este caso, no todo vale.

No le voy a engañar, no escribo esto con la idea de que usted revise su sistema de valores y creencias. En realidad, me manifiesto para decir que no me gusta el recién inaugurado Monumento al Camino Real de Guadalupe, en Talavera de la Reina. No es una cuestión visceral, ni que yo tenga animadversión por los promotores o bien intencionados diseñadores del asunto; es que la única decisión acertada que veo en el proyecto es la iniciativa de hacerlo.

Admirar la divinidad de la virgen o fascinarse ante un recorrido hecho por nobles y reyes desde hace siglos. Un hito en el camino, una parada en el peregrinaje hacia el monasterio de Guadalupe. Un punto en el que, tras la larga jornada de viaje, sentarse, ajustarse los zapatos, y permitirse unos minutos de reflexión y recogimiento. No hay nada de este discurso que quede representado en lo que se inauguró las pasadas fechas.

La propia forma de la construcción expulsa al visitante. Le obliga a rodearlo, a observar desde fuera a través de cristales en cada una de las caras. No hay posibilidad de reposo. Si uno decide sentarse, los poyetes alineados con los vértices no permiten observar directamente la figura de la virgen. La cercanía con la Ronda del Cañillo ahoga cualquier religiosidad con sus ruidos. Sólo nos queda la cerámica, que se admira y permite la carcajada al llegar a la imagen del propio Fray Hernando. En definitiva, el monumento se ve de lejos, se rodea, y se deja atrás. Como se deja la ciudad por el visitante.

Ahora bien, no me malinterprete. Estas iniciativas son necesarias, pero también lo es la visión que las motiva. Mirar al pasado es irremediable, pero hoy debe ser una mirada desde la reflexión, no desde el calco. Talavera se ahoga en un mar de intenciones basadas en sueño lejanos, y nadie nos mirará hoy por hacer algo que nuestros antepasados hacían mejor que nosotros. Necesitamos que nos gusten otras cosas. Necesitamos que nos dejen de gustar sólo estas.

Artículo publicado en : https://ahoraclm.com/2019/03/18/el-monumento-del-camino-real-de-guadalup

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